Si Dios es Perico Delgado, estos son sus mensajeros.

Hermes era, según Homero, ladrón, jefe de los sueños o espía nocturno. Más allá de las extrañas filias del dios olímpico griego, lo que nos ocupa tiene que ver con la mensajería, su propósito último. Para realizar su trabajo tiraba de precisión y excelencia en la oratoria. Eso no ocurre ahora. Los tiempos han cambiado tanto que en los mensajeros lo que se exige es rotundidad en el tren inferior. Eso ocurre al menos con los extraños heraldos que ocupan los huecos entre los coches de la ciudad. Son mensajeros y van en bici.

Decidieron, probablemente con buen criterio, que había labores que se podían hacer sin más motor que la energía mecánica proporcionada por las piernas. Muchos de ellos se organizaron en cooperativas y saltaron de esa guisa al asfalto. Se dedican al reparto de paquetería, documentos y también de prensa a suscriptores, como ocurre con las cooperativas que reparten Diagonal; Santa Cleta, en Sevilla; Salut i Pedal, en Barcelona o A Toda Biela, en Madrid. Obviamente, su radio de acción se limita al núcleo urbano en el que tiene sede cada grupo, pero eso ya es un paso decidido para cambiar humo por oxígeno.

También en Madrid, la cooperativa Trébol acaba de cumplir 18 años. Se trata de seis personas que se conocían antes de comenzar con el negocio. «Éramos un grupo de amigos que solíamos realizar viajes cicloturistas con asiduidad y utilizábamos la bicicleta para desplazarnos por Madrid. En uno de nuestros viajes conocimos la actividad en Barcelona de nuestra cooperativa hermana Trèvol», explica Alberto Luego, uno de los cooperativistas. Pensaron que ellos también podían hacer de la afición de girar el piñón un trabajo que les diese de comer…



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